Vivir, puede hacerse de tantos diferentes modos, como tantos sea los que vivan...
vivir el día a día, puede darnos según comentan, la posibilidad maravillosa de no vivir un día igual al otro. Extraer de lo cotidiano, lo cotidiano mismo; puede ser una forma de vivir.
Así como hay quienes que viven "de a un día por vez", también los hay que entienden la vida como un eslabonado de sucesos que conducen inevitables en otros; sujetos a esta pre-visión constante de lo cotidiano, desviven los días atajando se de lo que en consecuencia podrá devenir del calculo de sus acciones.
Vivir cada día esperando un hecho determinado, puede volverse una conducta de imposibilidad del ser, del hacer; vivir cada día como si fuera el único carece, a mi parecer, de contenido vital; ya que si cada día es solo un día, no hay mañana posible.
Vivir creyendo en un mañana posible, me obliga a pensar en lo que puede ser de ese mañana, pero si no hay un hoy, edificado sobre los ayeres, no creo tampoco que haya un mañana.
la mirada recae en el pasado buscando los objetos que sostienen el presente.
repeticiones que se atesoran en la palabra o en el hacer y que conforman una suerte de estructura vivencial.
Ver al pasado, revisar las estructuras con la determinación de apuntalar a diario los cimientos. conocer de modo certero las fallas que sostienen sin dudas los sentimientos etéreos que iluminan esta construccion, llamada vida.
Abrir cada mañana las puertas y ventanas para iluminar las estructuras, descubrir a la luz del sol, las rajaduras que la vida incrusta y repararlas, es un trabajo arduo, pero fortalece, con cierta brevedad, la obtención de cimientos sanos.
vivir el día a día, puede darnos según comentan, la posibilidad maravillosa de no vivir un día igual al otro. Extraer de lo cotidiano, lo cotidiano mismo; puede ser una forma de vivir.
Así como hay quienes que viven "de a un día por vez", también los hay que entienden la vida como un eslabonado de sucesos que conducen inevitables en otros; sujetos a esta pre-visión constante de lo cotidiano, desviven los días atajando se de lo que en consecuencia podrá devenir del calculo de sus acciones.
Vivir cada día esperando un hecho determinado, puede volverse una conducta de imposibilidad del ser, del hacer; vivir cada día como si fuera el único carece, a mi parecer, de contenido vital; ya que si cada día es solo un día, no hay mañana posible.
Vivir creyendo en un mañana posible, me obliga a pensar en lo que puede ser de ese mañana, pero si no hay un hoy, edificado sobre los ayeres, no creo tampoco que haya un mañana.
la mirada recae en el pasado buscando los objetos que sostienen el presente.
repeticiones que se atesoran en la palabra o en el hacer y que conforman una suerte de estructura vivencial.
Ver al pasado, revisar las estructuras con la determinación de apuntalar a diario los cimientos. conocer de modo certero las fallas que sostienen sin dudas los sentimientos etéreos que iluminan esta construccion, llamada vida.
Abrir cada mañana las puertas y ventanas para iluminar las estructuras, descubrir a la luz del sol, las rajaduras que la vida incrusta y repararlas, es un trabajo arduo, pero fortalece, con cierta brevedad, la obtención de cimientos sanos.
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